Las cuatro semanas que faltan


Esto forma parte de una colección: The Crick Magazine | Issue 2

Reino Unido, 25 de marzo de 2026
Escrito por: Henry Scowcroft

Los acontecimientos que tienen lugar durante un periodo crucial de cuatro semanas en el desarrollo humano han eludido durante mucho tiempo a los científicos. Los modelos de células madre finalmente los están revelando, planteando nuevas cuestiones éticas.

Cada vida humana comienza como una sola célula, formada en un breve y deslumbrante instante de fusión cuando el espermatozoide se une al óvulo. Esta esfera microscópica, no más ancha que el grosor de un cabello, ya contiene todas las instrucciones para un ser humano único.

En cuestión de horas, la célula comienza a dividirse. Primero en dos, luego en cuatro, luego en ocho: un ritmo de replicación que continúa con precisión milimétrica.

Tras tres días, el cúmulo en división se asemeja a una mora microscópica. Y, sorprendentemente, a pesar de su uniformidad genética, las células comienzan a comportarse de manera diferente: algunas se repliegan hacia el interior, otras se extienden hacia la superficie. Alrededor de los cinco días, se bombea líquido entre ellas, creando una cavidad interna.

Dentro de esta delicada esfera llena de líquido, un pequeño grupo de células se agrupa en un lado, a partir del cual crecerá el embrión propiamente dicho: todos los órganos, tejidos y características. La capa circundante comienza a prepararse para otro paso esencial: penetrar en el revestimiento del útero materno para establecer la placenta que lo sustentará.

A lo largo de los siglos, los investigadores han ido descubriendo cómo observar el desarrollo de estos eventos: los primeros fotogramas, borrosos, de la película de la vida, reproducidos una y otra vez.

Pero incluso con las técnicas actuales, existe una laguna: una sección crucial de la película que resulta particularmente borrosa y difícil de descifrar.

A las dos semanas, «ya hemos aprendido bastante sobre cómo comienza a emerger la complejidad de la vida», afirma Naomi Moris, directora del Laboratorio de Modelos de Desarrollo del Instituto Crick. En este punto, la estructura se asemeja a una «doble burbuja»: una esfera superior que finalmente formará el saco amniótico y un saco vitelino inferior, con el embrión formando una fina capa de células intercalada entre ambos.

Leer el artículo completo en:
The Crick Magazine, Issue 2
The Francis Crick Institute (Reino Unido)
https://www.crick.ac.uk/news/2026-03-25_the-missing-four-weeks

Crédito foto: Únicamente referencial
https://www.pexels.com/es-es/@edward-jenner/

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